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24 / 11 / 2025 La pobreza de tiempo
Tipo de proyecto
Artículo
Fecha
Noviembre 2025
Ubicación
CDMX
Es muy común hablar sobre la pobreza de ingreso, que tanto daño hace a los sectores menos favorecidos en México.
Es un concepto al que la mayoría de la gente no estamos acostumbrados, de hecho, no sólo no lo hemos escuchado: en muchos casos, somos absolutamente ajenos a éste; de hecho, fue hasta hace poco que ese término lo escuché en una plática de una alta funcionaria del gobierno. Es muy común hablar sobre la pobreza de ingreso, que tanto daño hace a los sectores menos favorecidos en México; sin embargo, existe una carencia igualmente corrosiva en la población: pobreza de tiempo.
Literatura especializada la define como la imposibilidad de que una persona satisfaga sus necesidades más básicas como las físicas, emocionales y/o sociales, una vez que han concluido su jornada laboral (remunerada o no), es decir, de manera simple, que el tiempo con que cuenta una persona, una vez que ha salido de su trabajo, es insuficiente para poder realizar otras actividades que quiera o necesite hacer. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) genera información relevante e insumos que nos permiten comprender más sobre el tema. En la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT), edición 2019, el Inegi proyecta que la totalidad de horas de trabajo en la población mayor de 12 años, —integrando trabajo remunerado, trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y producción para autoconsumo— corresponden de la siguiente forma: 49.4% a trabajo remunerado, 47.9% a trabajo para el mercado y 2.8% a producciones de bienes para el hogar. Un dato muy relevante es que las mujeres trabajan, en promedio, 6.2 horas más por semana que los hombres cuando se suma trabajo pagado contra no pagado o remunerado. La ENUT, junto con el Consejo de Evaluación de la Ciudad de México (Evalúa), bajo la metodología de esta última, determinó que, en un escenario óptimo, una persona entre 18 y 69 años debería tener libres, a la semana, 44 horas. No obstante, solo el 66.3% accede a estas horas a la semana: más de 85 millones de personas. En adición a esto, hay que agregar otras variables sociodemográficas que pueden abonar a una mayor pobreza de tiempo, como pueden ser el sexo, estado civil, número de hijos y tipo de ocupación, con lo que lamentablemente, los efectos más marcados se dan entre las mujeres. Debemos recordar que, en muchos casos, este tipo de pobreza, el de “pobreza de tiempo en las mujeres” se da como resultados de lo doble o hasta triple jornada laboral que tienen, a saber: la de su empleo, quehaceres de su casa y los cuidados hacia sus hijas e hijos, hasta, en muchos casos, hacia sus padres o madres, esto, por obvias razones, va a disminuir sus posibilidades tanto de mayores ingresos, como de descanso y actividades sociales.
Evalúa, mediante un boletín informativo difundido en días pasados, presentó resultados sobre una última medición en el que 57% de los habitantes de la Ciudad de México vive en pobreza de tiempo, como resultado de jornadas largas y traslados extenuantes por nuestra capital, altamente congestionada. Lo anterior, por supuesto, es motivo de preocupación, pero, sobre todo, de “ocupación” de los gobiernos para ejecutar y desarrollar proyectos enfocados a la calidad de vida de su población. Es así como últimamente hemos escuchado la iniciativa de reducir la jornada de trabajo semanal de 48 a 40 horas; adicional a esto, se deben procurar sistemas eficientes de movilidad, construcción y rehabilitación de mejores vías de transporte público para la población. No basta con saber cuánto dinero se tiene en la bolsa, también es importante el tiempo con el que contamos para hacer las cosas que nos agradan o requerimos.
Para nuestra Área Común, y a modo de relajación, reproduzco algo totalmente irrelevante y resultado de la imaginación de alguien. Es la conversación entre un alto oficial de algún ejército en el mundo y un soldado adscrito a su destacamento. “Soldado, no lo vi ayer en el ejercicio de camuflaje”. “Gracias, señor”.

