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19 / 05 / 2025 La corrupción como un efecto circular
Tipo de proyecto
Artículo
Fecha
Mayo 2025
Ubicación
CDMX
Considero que es una idea generalizada el relacionar la palabra corrupción con todo lo que implique gobierno o sector público para ser más amplio en el concepto. Las personas concatenan el fenómeno de la corrupción a las acciones que tienen que ver con el sector público, invariablemente.
Me parece necesario comentar que este flagelo se presenta, igualmente, en la iniciativa privada y en formas muy diversas. Existe, como un simple ejemplo, desde el trabajador de un área de compras de alguna empresa que solicita al proveedor un porcentaje del monto de compra que haya adquirido el negocio hasta el hecho de que altos directivos de una empresa se pongan de acuerdo con sus homólogos de otra organización para competir, comercializar o vender algún producto o servicio a algún ente público o, inclusive, directamente a otro negocio perteneciente a la iniciativa privada y, con ello, establecer precios poco competitivos o cualquier otro elemento en perjuicio de la unidad compradora.
Lo anterior es un ejemplo para identificar que el lamentable síndrome de la corrupción no se produce únicamente en el gobierno ni existe por sí solo, sino todo lo contrario, requiere de una parte adicional, una pieza dentro del enorme “rompecabezas” que significa e impacta al país y, por ende, a su población. Ese fragmento, en la mayoría de las ocasiones, lamentablemente son personas que trabajan en la iniciativa privada y que coadyuvan para que se forme el inefable círculo de la corrupción. Esta figura se inicia con un corruptor que sugiere o promueve una idea que va en contra de los intereses públicos, la propone al corrupto quien actuará en consecuencia para lograr que se generen los resultados en perjuicio, generalmente, de la función pública, y regrese al punto de origen, es decir, con el corruptor para recibir los beneficios de su conducta antijurídica.
Existen muchas teorías de las razones que llevan a las personas a cometer conductas que van en contra de la norma, entre ellos, el maestro Bernardo Pérez Fernández del Castillo señala como causas de la corrupción, entre muchas otras, la falta de transparencia, es decir, los canales poco claros de rendición de cuentas, así como la carencia de conductos y hábitos políticos que se establecen entre gobernantes y gobernados. En pocas palabras, falta de claridad y rendición de cuentas por parte del Estado.
Desde mi propia experiencia, otra causa importante para generar este círculo de la corrupción es aquella ligada al desconocimiento de la ley por parte de los particulares o a la misma complejidad de las normas, lo que les dificulta su entendimiento. Esto no permite de forma alguna empoderar a la ciudadanía para que conozca sus derechos u obligaciones y elimine todo resquicio de posible corrupción. A mayor conocimiento de la normatividad que regula los actos de gobierno por parte de los gobernados, menor será la posibilidad de que se generen abusos por parte de las personas servidoras públicas (PSP). Es por ello la importancia de ampliar el acceso a la regulación para la población, pero, además, el transparentar y simplificar trámites y servicios.
Sin duda, puede existir “corrupción unilateral” desde y dentro del gobierno, es decir, aquella que se confabula desde el poder, desde los puestos públicos, realizando determinados actos, mismos que serán orquestados desde el interior de la propia estructura y que no requerirán la complicidad o colaboración de otra parte, como pueden ser los particulares, sino que por sí mismo puede emerger y obtener un resultado en beneficio del o las PSP y en perjuicio, evidentemente, de la hacienda pública. Sin embargo, debo decirlo, la mayor proporción de actos irregulares y que afectan el erario son en comunión con la iniciativa privada, con resultados verdaderamente alarmantes y que han generado riquezas no conmensurables en favor de PSP y, por qué no decirlo, también de empresarios poco escrupulosos que vieron aumentado su patrimonio a la sombra de las arcas públicas.
Como conclusión me gustaría expresar que la ley es casi perfecta. Existe en la normativa principios que las y los legisladores identificaron que podría inhibir las conductas irregulares, o sea, si existe el marco jurídico al igual que la sanción para quien las cometa. La realidad, tristemente, rebasa esta realidad reglamentaria. Requerimos como sociedad involucrarnos y participar en la negación o no participación de situaciones que lleven a realizar actos de corrupción, para que desde nuestro rol dentro de la comunidad no formemos parte de este nefasto círculo.
Iniciemos con acciones sencillas, pero diarias. Nos lo merecemos.

