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13/10/2025 El caso Baltimore
Tipo de proyecto
Artículo
Fecha
Octubre 2025
Ubicación
CDMX
Margot O’Toole determinó que el artículo contenía inconsistencias y discrepancias en 17 páginas del estudio publicado.
El pasado 6 de septiembre falleció a los 87 años David Baltimore, quien fue un biólogo y bioquímico estadunidense ganador del Premio Nobel de Medicina en 1975, en forma conjunta con Renato Dulbecco y Howard M. Temin. Descubrieron la enzima transcriptasa inversa, que resultó fundamental para entender cómo ciertos virus modifican su información genética por conducto del Ácido Desoxirribonucleico o ADN. Según el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, con sede en EU, el ADN es una molécula que almacena la información genética para el desarrollo y el funcionamiento de un organismo, es decir, determina cómo se desarrollan, funcionan, crecen, se reproducen y envejecen los organismos; concretamente tiene la información genética de todos los seres vivos, incluso de algunos virus. En pocas palabras, el hallazgo de Baltimore explicó cómo los virus, como el de inmunodeficiencia humana (VIH), se integran en el ADN de las células humanas, lo que permitió entender mejor las enfermedades virales como la anterior y abrió la puerta a desarrollar medicinas antivirales específicas.
Es en abril de 1986 cuando Baltimore, junto con Thereza Imanishi-Kari, investigadora en ese momento del Instituto Tecnológico de Massachusetts, se vio envuelto en lo que se le denominó el Caso Baltimore. Ambos, en coautoría con otras personas investigadoras, publicaron un artículo sobre inmunología molecular en una revista especializada llamada Cell. El Instituto para Bioética y Políticas de Salud, en una publicación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami, realizó una línea cronológica de lo que implicó el caso y la trascendencia del asunto tanto para el círculo especializado de investigadores e investigadoras en la materia como en la opinión pública. La revista reseña que fue en el otoño de ese año que una investigadora irlandesa de nombre Margot O’Toole determinó que el artículo contenía inconsistencias y discrepancias en 17 páginas del estudio publicado, por lo que Imanishi-Kari fue acusada directamente de falsificación de resultados. El tema escaló a través de la comunidad científica, al grado de ser sometido ante el Instituto Nacional de Salud de EU, así como al propio Congreso de nuestro país vecino. El caso fue cubierto mediáticamente, situación que generó dudas sobre la integridad de David Baltimore, ya que su postura fue la de defender pública y abiertamente a su colega.
Continúa el artículo narrando que, después de 10 años y un número importante de audiencias, en junio de 1996, mediante un panel de apelaciones federal se determinó que la investigadora no resultó culpable de los cargos imputados, y se reconoce que, si bien existieron errores, no así fraude al emitir los resultados de sus investigaciones; se definió su trabajo como una investigación mal hecha y desordenada. Si bien Baltimore nunca fue acusado directamente, sí corrió con la suerte del desacreditamiento por un sector por la sencilla razón de haber respaldado los resultados publicados por su colega. Imanishi-Kari fue reinstalada como asistente del profesor de patología en la Universidad de Tufts en agosto de 1996. Baltimore, aun cuando el caso llevaba su apellido, jamás fue señalado con los mismos cargos que su colega, únicamente recibió la crítica por su férrea defensa hacia ella.
Según la revista Science, en un documento publicado en octubre de 1996, 54 investigadores e investigadoras, de los 108 investigados por la Oficina de la Integridad en la Investigación del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EU, fueron absueltos de las imputaciones; sin embargo, las cicatrices del escándalo, la pérdida de la confianza y el daño reputacional los siguió por el resto de sus vidas. Imanishi-Kari y Baltimore no fueron la excepción. Este último se convirtió en un símbolo de la tensión entre la política, la ciencia y los medios de comunicación. Cabe mencionar que la investigadora O’Toole, quien develó la supuesta entrega de resultados falsos y que, a la postre, se concluyó que fueron equivocadas sus posturas, finalmente perdió su trabajo, su casa y su carrera, no obstante que un sector de la comunidad internacional aplaudió y difundió su coraje al exponer el caso, en algunos artículos se habla de que terminó contestando teléfonos para una compañía de mudanzas.
Este caso es un claro ejemplo de lo que puede implicar llevar un asunto de carácter científico o técnico al campo de la política que, en el que nos ocupa, participó hasta una comisión del Congreso estadunidense, aderezado con lo que significa la inclusión de los medios de comunicación; por más redituable que sea, política o mediáticamente hablando, debe reflexionarse siempre si es conveniente que se intervenga o influya en temas especializados, ya que deben resolverse al interior de los propios ámbitos y esto comprende cualquier otra rama o sector de la sociedad.

